Ciencias
naturales, ciencias de la naturaleza, ciencias físico-naturales o ciencias
experimentales son aquellas ciencias que tienen por objeto el estudio de la
Naturaleza siguiendo la modalidad del Método científico conocida como Método
experimental. Estudian los aspectos físicos, y no los aspectos humanos del
mundo. Así, como grupo, las ciencias naturales se distinguen de las Ciencias
sociales o Ciencias humanas (cuya identificación o diferenciación de las
Humanidades y Artes y de otro tipo de saberes es un problema epistemológico
diferente). Las ciencias naturales, por su parte, se apoyan en el razonamiento
lógico y el aparato metodológico de las Ciencias formales, especialmente de las
Matemáticas, cuya relación con la realidad de la naturaleza es menos directa (o
incluso inexistente).
Las
ciencias naturales abarcan todas las disciplinas científicas que se dedican al
estudio de la naturaleza. Se encargan de los aspectos físicos de la realidad, a
diferencia de las ciencias sociales que estudian los factores humanos,
Pero
no sólo por eso. Además otras de las diferencias fundamentales entre estas dos
clases de ciencias es que mientras que las sociales se centran en lo que son
los saberes, las naturales llevan a cabo sus estudios y desarrollo a través de
la lógica, las matemáticas y el propio razonamiento lógico existente.
Pueden
mencionarse cinco grandes ciencias naturales: la biología, la física, la
química, la geología y la astronomía. La biología estudia el origen, la
evolución y las propiedades de los seres vivos. Por lo tanto se encarga de los
fenómenos vinculados a los organismos vivos. La medicina, la zoología y la
botánica forman parte de la biología.
Las
ciencias naturales son tan importantes en nuestra sociedad que actualmente nos
podemos encontrar en muy diversos rincones de la geografía mundial centros
culturales que giran específicamente en torno a las mismas. Este sería el caso,
por ejemplo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales que tiene España y que se
ubica en su capital, en Madrid.
Promover
el conocimiento de la diversidad natural que existe es uno de los objetivos que
persigue cumplir aquel espacio tanto con las exposiciones que realiza como con
las distintas actividades que anualmente lleva a cabo. En concreto, quienes lo
visitan podrán disfrutar de colecciones relativas a la biodiversidad, a la
evolución, a las características del Mediterráneo en cuanto a naturaleza, a los
dinosaurios e incluso a conocer como es el esqueleto de una ballena rorcual.
Londres
es otra de las ciudades que tiene uno de los museos de este tipo más
interesantes de todo el planeta.
El
respeto por la naturaleza es inseparable de la actitud de las personas con el
mundo. Es un tema global y no puede entenderse como un tema ético aislado.
El
respeto por la naturaleza es, en primer lugar, una cuestión de sentido común.
Es evidente que estamos destruyendo la naturaleza, es decir, el sostén de
nuestras vidas. En un plazo de pocas décadas estará en juego la vida de
millones de especies, incluida la nuestra. Por consiguiente, respetar la
naturaleza es una cuestión de supervivencia.
El
mundo contemporáneo tiene muchos medios para abstraerse de la realidad
inmediata (la televisión, el fútbol, etc.). de la lectura de los titulares de
los periódicos podríamos deducir que la crisis ecológica no es una cuestión
urgente, por más que los accidentes de petroleros o de centrales nucleares
aparezcan de vez en cuando en la prensa. No obstante, ocasionalmente los medios
de comunicación citan informes, estudios o declaraciones que reconocen la
gravedad de la situación.
No
solemos darnos cuenta de la mayoría de la agresiones que hacemos en la
naturaleza. Vivimos en una sociedad cuyos pilares son la producción y el
consumo ilimitados. Tendemos a pensar que más consumo significa más felicidad;
es evidente que por debajo de cierto nivel de pobreza es prácticamente
imposible tener una vida digna, pero una vez satisfechas nuestras necesidades
básicas, el aumento del consumo no tiene que nada que ver con el bienestar o la
felicidad. Ahora bien, el mundo contemporáneo tiene una especie de adición al
consumo: siempre queremos más cosas, más novedades. Quien paga esto es, por una
parte, la naturaleza y por otra, los países del sur, países cuya pobreza es la
base de nuestra riqueza. Además este modelo no es generalizable, porque, por
ejemplo, si toda la humanidad tuviera la media de automóviles europea la
atmósfera se destruiría.
Si
queremos respetar la naturaleza tenemos que encontrar, individual y
colectivamente otro estilo de vida. No sólo se impone consumir productos más
ecológicos, también hay que consumir menos. Esto no significa imponer un modo
de vida ascético ni volver a estructuras primitivas, pero sí implica renunciar
al sueño, a la pesadilla, del progreso material ilimitado y encontrar pautas de
vida más sencillas y dignas, aprovechando las ventajas de la tecnología pero
sin dejar que éstas nos deslumbren.
En
última instancia, el respeto por la naturaleza es una cuestión de percepción.
No podemos respetar a la naturaleza si no nos podemos respetar a nosotros
mismos. La actual cultura occidental es la única que ha concebido la naturaleza
y el cuerpo como mecanismos (Descartes los consideraba una suerte de relojes,
hoy en día se habla de la naturaleza y el cuerpo en términos informáticos). Si
exceptuamos el Occidente de los últimos siglos, todas las culturas de la
historia han entendido el mundo como un gran organismo, algo vivo que no
depende de nosotros, sino que nosotros dependemos de él. En el Renacimiento, por
ejemplo, se consideraba que el mundo era un animal cósmico y se hablaba de la
anima mundi, el alma del mundo, con las que todos estábamos vinculados. En el
fondo, no llegaremos a respetar realmente la naturaleza hasta que aprendamos a
verla como un ser vivo, animado, hasta que no nos demos cuenta de que nosotros
también somos naturaleza, naturaleza que camina, respira y habla.
Hay
muchos seres vivos con los que convives y conoces muy bien: tu perro, el
canario, tus padres, tus profesores, las plantas de tu terraza, pero muchos
otros viven lejos de tí. Otros están muy cerca, pero son tan pequeños que no te
das cuenta de que están ahi. Todas las formas de vida conocidas se reúnen en
grandes grupos, a los que llamamos Reinos.Desde
la época griega hasta en el siglo XVII, Linneo,separó a los seres vivos en dos grandes grupos: El reino animal y El
reino vegetal. En el siglo XIX, Haeckel, propuso un nuevo grupo de seres vivos,
"el reino protistas". Este nuevo reino surge por la forma que
obtienen sus alimentos. En el primer reino, encontramos las bacterias y los
hongos, estos organismos elaboran su propio alimento; el segundo incluye los
protistas y de más seres heretrofos queagrupan a los organismos que ingieren y digieren los nutrientes que
obtenían al comer a otros seres vivos. Posteriormente en 1969 el ecólogo Robert
H. Whittaker, propuso una nuevaclasificación de los seres vivos, que los agrupo en todas las formas de
vida, estos son los 5 reinos: planta, animal, fungí, protistas y mónera,y encontramos alrededor de 1.7 millones de
especies, y son:
MONERA
Son
organismos muy pequeños que sólo se pueden observar con microscopios muy
potentes. Son procariotas: En el interior de la célula no tienen compartimentos
y no se ve núcleo. Unicelulares: Sólo tienen una célula. Las bacterias son el
grupo más abundante dentro de este Reino. El
concepto de reino monera se utiliza en la biología para designar a todos los
organismos y microorganismos que se caracterizan por su formación unicelular,
es decir, de una sola célula. Si bien estos son organismos mucho más simples
que el resto de los organismos vivientes, su presencia es altamente mayor a la
de los restantes, particularmente por el hecho de que se considera que hay
entre 4000 y 9000 especies diferentes de procariotas o bacterias, aquellos que
conforman este grupo. Además, al ser organismos minúsculos, se reproducen y
encuentran en toda la superficie del espacio conocido por el hombre, incluso
aunque no se los pueda ver.
PROTISTA
En
biología, Reino Protista, también denominado Protoctista, es el que contiene a
todos aquellos organismos eucariontes que no pueden clasificarse dentro de
alguno de los otros tres reinos eucariotas: Fungi (hongos), Animalia (animales)
o Plantae (plantas).5 6 7 Es un grupo parafilético (un grupo que no contiene a
todos los descendientes de su antepasado común), en el que hay representantes
tanto unicelulares como pluricelulares, autótrofos como heterótrofos,
fagótrofos como osmótrofos; incluye grupos monofiléticos como los ciliados,
junto a formas estrechamente relacionadas con alguno de los otros reinos
eucarióticos, aunque hay una tendencia a incluir a éstos dentro de esos reinos.
Se les designa con nombres que han perdido valor sistemático en biología, pero
cuyo uso sería imposible desterrar, como «algas», «protozoos» o «mohos
mucosos».
Como
no son un grupo monofilético, es imposible especificar características que los
definan o distingan en su conjunto. Las que tienen en común son las propias de
los eucariontes en general, así que son compartidas, salvo pérdida secundaria,
por plantas, animales u hongos. La enumeración que sigue muestra sobre todo su
enorme diversidad.
FUNGI
En biología, el término
fungi (latín, literalmente "hongos") designa a un grupo de organismos
eucariotas entre los que se encuentran los mohos, las levaduras y los
organismos productores de setas. Se clasifican en un reino distinto al de las
plantas, animales y protistas. Se distinguen de las plantas en que son
heterótrofos; y de los animales en que tienen paredes celulares, como las
plantas, pero compuestas por quitina, en vez de celulosa, y en que se alimentan
por absorción, como las plantas. Se ha descubierto que organismos que parecían
hongos en realidad no lo eran, y que organismos que no lo parecían en realidad
sí lo eran, si llamamos "hongo" a todos los organismos derivados del
que ancestralmente adquirió la capacidad de formar una pared celular de
quitina.
PLANTAE
En
biología, se denomina plantas a los seres vivos fotosintéticos, sin capacidad
locomotora y cuyas paredes celulares se componen principalmente de celulosa.1
Taxonómicamente están agrupadas en el reino Plantae y como tal constituyen un
grupo monofilético eucariota conformado por las plantas terrestres y las algas
que se relacionan con ellas; sin embargo, no hay un acuerdo entre los autores
en la delimitación exacta de este reino.
En
su circunscripción más restringida, el reino Plantae (del latín: plantae,
"plantas") se refiere al grupo de las plantas terrestres, que son los
organismos eucariotas multicelulares fotosintéticos descendientes de las
primeras algas verdes que lograron colonizar la superficie terrestre y son lo
que más comúnmente llamamos "planta".
ANIMAL
En
la clasificación científica de los seres vivos, el reino Animalia (en latín,
«animales») o Metazoa («metazoos») constituye un amplio grupo de organismos que
son eucariotas, heterótrofos, pluricelulares y tisulares. Se caracterizan por
su amplia capacidad de movimiento, por no tener cloroplasto ni pared celular y
por su desarrollo embrionario; que atraviesa una fase de blástula y determina
un plan corporal fijo (aunque muchas especies pueden sufrir una metamorfosis
posterior). Los animales forman un grupo natural estrechamente emparentado con
los hongos. Animalia es uno de los cuatro reinos del dominio Eukaryota, y a él
pertenece el ser humano.
El
espacio exterior, también llamado espacio a secas, designa las regiones
relativamente vacías del universo fuera de las atmósferas de los cuerpos
celestiales. Se añade el adjetivo exterior para distinguirlo del espacio aéreo.
No existe ningún límite definido entre la atmósfera terrestre y el espacio,
puesto que ésta se va atenuando gradualmente a medida que aumenta la altitud.
El espacio cósmico ubicado dentro de los límites del Sistema Solar se conoce
como espacio interplanetario, cuyo límite con el espacio interestelar es lo que
conocemos como heliopausa.
Aunque
el espacio exterior es de por sí muy amplio, no está vacío. En él existen,
aunque repartidas de manera muy dispersa, varias docenas de moléculas orgánicas
descubiertas hasta la fecha gracias a la espectroscopia rotacional, la
radiación de fondo de microondas y la radiación cósmica, formada por núcleos
atómicos ionizados y diversas partículas subatómicas. También hay algo de gas,
plasma, polvo cósmico y pequeños meteoros. Además, los seres humanos han dejado
restos de su actividad en el espacio exterior, a través de materiales
procedentes de los lanzamientos tripulados y no tripulados. A todos estos
objetos se les ha llamado “basura espacial” y constituyen un riesgo potencial para
las naves espaciales. Algunos caen a la atmósfera periódicamente.
El
planeta Tierra es actualmente el único cuerpo celeste conocido dentro del
sistema solar en el que existe vida. Sin embargo, los recientes hallazgos
sugieren que, en el pasado lejano, el planeta Marte tenía masas de agua líquida
en la superficie. Durante un breve periodo en la historia de Marte, podría
haber sido capaz de albergar vida. Sin embargo, en la actualidad la mayor parte
del agua de Marte está congelada. Si aun así existiese vida en Marte, lo más
probable es que estuviese situada bajo tierra, donde todavía podría haber agua
líquida.41
Las
condiciones existentes en los otros planetas telúricos, Mercurio y Venus,
parecen ser demasiado hostiles como para que allí se pueda desarrollar la vida
tal cual la conocemos. Pero se ha conjeturado que Europa, la cuarta mayor luna
de Júpiter, pueda poseer un océano subterráneo de agua líquida, y sería posible
que existiese vida en él.
La
belleza de la naturaleza es un tema recurrente en la vida moderna y en el arte:
los libros que la ensalzan llenan grandes estanterías de bibliotecas y
librerías. Esa cara de la naturaleza, que el arte (fotografía, pintura,
poesía...) tanto ha retratado y elogiado revela la fuerza con la que muchas
personas asocian naturaleza con belleza. El porqué de la existencia de esa
asociación y en qué consiste ésta constituyen el campo de estudio de la rama de
la filosofía llamada estética. Más allá de ciertas características básicas de
la naturaleza en cuya hermosura coinciden la mayoría de filósofos, las opiniones
son prácticamente infinitas.
Muchos
científicos, que estudian la naturaleza de forma más específica y organizada,
también comparten la idea de que la naturaleza es hermosa. El matemático
francés Jules Henri Poincaré (1854-1912) dijo:
El
científico no estudia la naturaleza porque es útil, sino porque le cautiva, y
le cautiva porque es bella.
Si
la naturaleza no fuera hermosa, no valdría la pena conocerla, y si no valiera
la pena conocerla, tampoco valdría la pena vivir. Por supuesto, no me refiero
aquí a la belleza que estimula los sentidos, la de las cualidades y las
apariencias; no es que la desdeñe, en absoluto, sino que ésta nada tiene que
hacer con la ciencia. Me refiero a la belleza más profunda, la que procede del
orden armonioso de las partes y que puede captar una inteligencia pura.
Una
idea clásica de la belleza del arte involucra la palabra mimesis, es decir, la
imitación de la naturaleza. En el dominio de las ideas sobre la belleza de la
naturaleza, lo perfecto evoca la simetría, la división exacta y otras fórmulas
y nociones matemáticas perfectas. Entre
la infinidad de sentencias que el gran científico Albert Einstein ha dejado
como maravilloso legado para la humanidad, me gustaría destacar la que dice
“mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor”.
Unido
a ello quisiera destacar a los poetas románticos del siglo XVIII, que cantaron
al amor y la belleza salvaje de nuestro entorno en boca y pluma de excelsos
creadores como Gustavo Adolfo Bécquer o Lord Byron.
Del
sentimiento romántico, trágico y natural surgió la idea del jardín inglés, un
lugar verde y paradisíaco en el que las líneas rectas y estructuras perfectas
dejan paso al crecimiento vegetal por obra de la madre naturaleza, sin formas
definidas más que las meramente creadas por el supuesto azar y el destino.
Sin
embargo, un jardín romántico poco cuidado es un lugar de espectacular belleza
en el que se puede comprender mejor por qué ocurre todo, observando que nada es
casualidad y todo es entendible, tal como decía Albert Einstein.
Muchos
científicos, que estudian la naturaleza de forma más específica y organizada,
también comparten la idea de que la naturaleza es hermosa. El matemático
francés Jules Henri Poincaré (1854-1912) dijo:
El
científico no estudia la naturaleza porque es útil, sino porque le cautiva, y
le cautiva porque es bella.
Si
la naturaleza no fuera hermosa, no valdría la pena conocerla, y si no valiera
la pena conocerla, tampoco valdría la pena vivir. Por supuesto, no me refiero
aquí a la belleza que estimula los sentidos, la de las cualidades y las
apariencias; no es que la desdeñe, en absoluto, sino que ésta nada tiene que
hacer con la ciencia. Me refiero a la belleza más profunda, la que procede del
orden armonioso de las partes y que puede captar una inteligencia pura.
Una
idea clásica de la belleza del arte involucra la palabra mimesis, es decir, la
imitación de la naturaleza. En el dominio de las ideas sobre la belleza de la
naturaleza, lo perfecto evoca la simetría, la división exacta y otras fórmulas
y nociones matemáticas perfectas.
El
desarrollo de la tecnología por la raza humana ha permitido una mayor
explotación de los recursos naturales y ha ayudado a paliar parte de los
riesgos de los peligros naturales. No obstante, a pesar de este progreso, el
destino de la civilización humana está estrechamente ligado a los cambios en el
medio ambiente. Existe un complejísimo sistema de retroalimentación entre el
uso de la tecnología avanzada y los cambios en el medio ambiente, que sólo
ahora se están comenzando a entender, aunque muy lentamente.
Los
humanos emplean la naturaleza para actividades tanto económicas como de ocio.
La obtención de recursos naturales para el uso industrial sigue siendo una
parte esencial del sistema económico mundial. Algunas actividades, como la caza
y la pesca, tienen intenciones tanto económicas como de ocio. La aparición de
la agricultura tuvo lugar alrededor del noveno milenio antes de Cristo. De la producción
de alimentos a la energía, no cabe duda de que la naturaleza es el principal
factor de la riqueza económica.
Los
seres humanos han empleado las plantas para usos medicinales durante miles de
años. Los extractos vegetales pueden tratar calambres, reumatismos y la
inflamación pulmonar.34 Mientras que la ciencia nos ha permitido procesar y
transformar estas sustancias naturales en píldoras, tintes, polvos y aceites,35
la economía de mercado y la posición de “autoridad” que se le atribuye a la
comunidad médica han hecho menos popular su uso. El término “medicina
alternativa” se emplea con frecuencia para designar el uso de plantas y
extractos naturales con propósitos curativos.
Las
amenazas a la naturaleza provocadas por el hombre son, entre otras, la contaminación,
la deforestación, y desastres tales como las mareas negras. La humanidad ha
intervenido en la extinción de algunas plantas y animales.
Mundo
antiguo y medio.
La
relación del hombre con el mundo en la edad antigua y media era armoniosa
porque veía en el a su creador. O sea, a Dios. "Veía en la naturaleza un
libro abierto para quien sabia leerlo. Ella hablaba inmediatamente de su Dios
creador".
El
hombre antiguo y medio se sentía parte de la naturaleza. Encontraba su sentido
en la complementariedad con los otros seres vivos de la naturaleza y con la
naturaleza misma.
La
naturaleza era un regalo, en la que veía la de un creador. Por eso, se sentía
con gran responsabilidad de cuidarla porque a través de ella podía ver y leer a
Dios.
La
relación con la naturaleza nos es de sujeto y objeto, sino de sujeto – sujeto.
No hay una dominación de uno sobre el otro. La naturaleza es parte de la vida
del hombre, por tanto, viven en una armonía constante. Esta afirmación vemos
claramente en al relación del hombre con la naturaleza.
Mundo
moderno
La
relación de hombre con la naturaleza es de sujeto – objeto. El hombre se
enfrenta con la naturaleza en una lucha hasta dominarla y explotarla.
La
naturaleza empieza a ser un objeto del que se sirve el hombre para satisfacer
su s necesidades a través de la explotación. No hay una armonía en la relación
entre estas dos realidades. El hombre busca su bien por medio de la naturaleza.
"Aquí
la definición del hombre es como ministro e intérprete de la naturaleza y no
como un hombre contemplativo." El
hombre es el sujeto y no hay relación con la naturaleza que esta es considerada
como objeto. Por tanto, en la relación hombre- naturaleza en la edad moderna se
percibe una relación sujeto - objeto.
Este
capítulo ha tratado de explicar cómo ha ido la relación hombre - naturaleza en
la historia sus existencias. Pues, como veíamos al principio de este capítulo
la relación fue sujeto- sujeto. Después más adelante impero el poder hombre
sobre la naturaleza y la relación fue sujeto- objeto. Las que trajo graves
consecuencias.
De
esta relación ultima, en la que el hombre domina la naturaleza se desarrollara
este trabajo monográfico, que al final se tratará de hacer una fraternidad
entre esta dos realidades, hombre naturaleza.
El
hecho de que las formas más básicas de vida vegetal comenzaran a realizar la
fotosíntesis fue clave para la creación de condiciones que permitiesen el
desarrollo de formas de vida más complejas. El oxígeno resultante del proceso
se acumuló en la atmósfera y dio lugar a la capa de ozono. La relación de
simbiosis entre células pequeñas y otras mayores dio lugar al desarrollo de
células aún más complejas llamadas eucariotas. Las células se agruparon en
colonias y comenzaron a especializarse, dando lugar a auténticos organismos
pluricelulares. Gracias a la capa de ozono, que absorbe las radiaciones
ultravioletas nocivas, la vida colonizó la superficie de la Tierra.
Aunque
no existe un consenso universal sobre la definición de la vida, los
científicos, por lo general, aceptan que la manifestación biológica de la vida
se caracteriza por los siguientes factores o funciones: organización,
metabolismo, crecimiento, adaptación, respuesta a estímulos y reproducción. De
manera más sencilla, podemos considerar la vida como el estado característico
de los organismos. Las propiedades comunes a los organismos terrestres
(plantas, animales, hongos, protistas, arqueas y bacterias) son las siguientes:
son celulares, tienen una organización compleja basada en el agua y el carbono,
tienen un metabolismo y capacidad para crecer, responder a estímulos y
reproducirse. Por ello, se considera que una entidad que reúna estas
propiedades está viva. Sin embargo, no todas las definiciones que hay sobre la
vida consideran esenciales todas estas propiedades.
La
biosfera es la parte de la capa más externa de la Tierra —que comprende el
aire, la tierra, las rocas superficiales y el agua— dentro de la cual tiene
lugar la vida, y en donde, a su vez, se alteran o se transforman los procesos
bióticos. Desde el punto de vista geofísico, la biosfera es el sistema
ecológico global que integra a todos los seres vivos y sus relaciones,
incluyendo su interacción con los elementos de la litosfera (rocas), la
hidrosfera (agua), y la atmósfera (aire). Actualmente, se estima que la Tierra
contiene cerca de 75 000 millones de toneladas de biomasa (la masa de la vida),
que vive en diversos entornos dentro de la biosfera. Cerca de nueve décimas
partes de la biomasa total de la Tierra es vida vegetal, de la que depende
estrechamente la vida animal. Hasta la fecha, se han identificado más de 2
millones de especies de plantas y animales, y las estimaciones realizadas
sobre la cantidad real de especies existentes varían entre unos cuantos
millones y cerca de 50 millones23 La cantidad de especies individuales oscila
constantemente: aparecen especies nuevas y otras dejan de existir, en una base
continua. En la actualidad, la cantidad total de especies está
experimentando un rápido descenso.26
Vista
de una granja de Pensilvania, confluencia entre un entorno “natural” y uno
“artificial”.
La
diferencia entre la vida animal y la vegetal no es tan tajante como pueda
parecer, ya que hay algunos seres vivos que reúnen características de ambas.
Giuliana dividió a todos los seres vivos en plantas, que por lo general no se
mueven, y animales. En el sistema de Carlos Linneo, éstos se convirtieron en
los reinos Vegetabilia (más tarde Plantae) y Animalia. Desde ese momento se vio
que el reino Plantae, como estaba definido originalmente, incluía varios grupos
sin relación alguna, por lo que se eliminó a los hongos y a varios grupos de
algas para moverlos a reinos nuevos, si bien a menudo se siguen considerando
plantas en algunos contextos. En la flora, está comprendida a veces la vida
bacteriana27 tanto es así que ciertas clasificaciones utilizan los términos
flora bacteriana y flora vegetal de manera separada.
Una
de las muchas formas de clasificar las plantas es por floras regionales, que,
dependiendo del propósito de estudio, pueden incluir también a la flora fósil,
que son restos de vida vegetal de eras pasadas. Muchas personas de varias
regiones y países se enorgullecen de su flora característica, que varía
ampliamente a través del globo debido a las diferencias de climas y suelos. La
flora regional se suele dividir en subcategorías como la flora nativa y flora
agrícola y de jardín (éstas últimas son las que cultiva el hombre
intencionadamente). Algunas clases de “flora nativa”, en realidad han sido
introducidas hace siglos por emigrantes de una región o continente a otro, y
con el paso del tiempo se han convertido en parte de la flora nativa o natural
del lugar en el que se introdujeron. Éste es un ejemplo de cómo la acción
humana puede desdibujar el límite de lo que se considera naturaleza. Otra
categoría de plantas es la de las “malas hierbas”. Aunque el término ha perdido
uso entre los botánicos como manera de designar a las plantas “inútiles”, su
uso informal (para describir a las plantas que estorban y que se deben eliminar)
ilustra perfectamente la tendencia general de las personas y las sociedades de
pretender alterar el curso de la naturaleza. Del mismo modo, los animales se
suelen clasificar como domésticos, de granja, salvajes, plagas, etc. según la
relación que tengan con la vida humana.